Como no conocía el barrio, pensé que lo mejor sería recorrer algunas calles con el mapa en mano y así ubicar al menos un supermercado y la estación de bus. Entonces, mientras iba caminando por la calle Passeig de Maragall, mirando las cosas que había por allí, no encontré ningún súper, pero caminé y luego cuando iba de regreso a casa, me topé con un viejo que me preguntó si estaba buscando alguna calle, yo le respondí que no, luego me percaté de que desde una mesa que había en la calle otro señor decía déjala ¿no ves que hace turismo?, y yo afirme si eso hago... ¿Y sabe en dónde hay un supermercado? El viejo me dijo que cruzando la calle y señaló con el dedo. El otro que estaba sentado seguía diciéndole al viejo que me dejara en paz, cosa que me ponía más nerviosa porque aclaro ninguno de los tres se conocía y la situación era un poco absurda para mi gusto y ya soy absurda...
El viejo se atrevió a preguntarme de dónde venía y le respondí, me dio algo de miedo porque muchas colombianas vienen a trabajar de prostitutas y no quería que pensara que yo también y que a lo mejor estaba buscando "trabajo", por fortuna no sucedió, pero el viejo insistió preguntándome que si necesitaba compañía para ir a donde fuera yo le dije que no y que muchas gracias. Por otro lado, el tipo que gritaba desde la mesa se puso más intenso y yo me puse nerviosa, no sé como lo hice, pero al final me retiré de allí.
Al cabo de caminar un poco más encontré la parada de bus que me serviría para irme al trabajo y para bajarme. Tomé unas fotos para recordarla y seguí a casa, por suerte encontré un supermercado cerca, entré e hice las compras, lo que no me gustó fue que la tipa pesada que estaba de cajera me pidió que abriera mi bolso para ver si había tomado algo... bueno, parece que es normal esto aquí, pero yo no llevaba nada. A lo mejor ella se confundió por la cara de ladrona que tengo (qué gracioso).
Pero así son las cosas y nunca terminas tu paseo hasta que llegas a casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario